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2 dic. 2009

Editar: Tema 1. He terminado el libro: ¿estás seguro?

Muchos autores inexpertos tienen tantas ganas de ver publicada su obra que están deseando escribir la palabra "Fin" en la última página de su manuscrito. Sin embargo, como veremos, ese "Fin" no es el final de nada, más bien es el comienzo...

Tenemos que tener en cuenta que presentar un manuscrito a una editorial es como ir a una boda. Uno no va vestido de cualquier manera, y lo mismo puede aplicarse para nuestra novela. Podemos dar por seguro que nos la echarán para atrás si no les enviamos un producto con unas mínimas garantías de calidad.

Descansando...
Por ese motivo yo recomiendo que, una vez finalizado el manuscrito, hay que dejarle descansar. Y, de paso, descansaremos también nosotros. Lo ideal es encerrarlo en un cajón durante al menos un par de meses. Tiempo que dedicaremos a leer otros libros, escribir en nuestros blogs,... en definitiva, a lo que queramos; pero estará terminantemente prohibido echar un vistazo al manuscrito.

El motivo de este periodo de "descanso" no es otro que olvidarnos por completo de la trama y de los personajes que hemos creado para que, cuando tengamos que corregir el libro lo podamos hacer con ojos nuevos y podamos detectar qué hicimos mal con mayor facilidad.

Primera corección y primera re-escritura
Transcurrido ese par de meses tendremos que ponernos a trabajar de nuevo. Y lo que nos espera es una parte muy poco gratificante de la tarea del escritor. Ya no se trata de crear, de escribir, sino de re-escribir, de corregir nuestros errores, de reforzar las partes que no están presentables y hacer que la novela sea, como dicen en las editoriales "redonda".

Tenemos que leer el manuscrito como si no lo hubiéramos escrito nosotros. De tal forma que nos convirtamos en los críticos más feroces que jamás vayamos a conocer. Nuestra labor consiste en ir corrigiendo sobre la marcha todos los errores ortográficos o gramaticales que detectemos, cambiaremos un verbo por otro más adecuado, quitaremos un adjetivo que sobra... Podemos ayudarnos de los correctores y de diccionarios de sinónimos que vienen incorporados en los programas de escritura de Windows, pero no debemos fiarnos porque no son muy imprecisos.

Al tiempo que repasamos gramatical y ortográficamente la novela, conviene que vayamos apuntando (en los mismos márgenes del manuscrito o en una hoja aparte) lo que no nos convence: los diálogos que se quedan cortos porque no explican lo que deben; las escenas de acción que se hacen pesadas por ser muy largas; dónde comenzamos a dormirnos... y esto es importante porque si a nosotros nos aburre nuestra propia obra, a un lector que no nos conoce de nada ya le habrá provocado el sueño más profundo; en definitiva, lo que estamos corrigiendo es lo que yo llamo los "tempos". Son los tiempos de la novela, muy diferentes de cuando se escribe a cuando se lee a un ritmo normal.

Estos "tempos", si están bien planificados, harán que nuestra narración fluya como un río, ondulante; pero, por el contrario, si las escenas se quedan cortas o son demasiado largas, parecerá que escribimos a trompicones, sin gracia, con aristas.

También iremos viendo cómo están "de salud" los personajes, si son creíbles o hacen cosas que no tienen sentido, si se contradicen... Y no nos podemos olvidar de la trama, no se nos pueden quedar flecos sueltos ni cabos sin atar, que es una de las cosas que más suele molestar al lector porque da la sensación de que el autor no ha hecho bien su trabajo.

Como os avisé, esta es la parte más "pesada" de la novela. Aquí no sirve utilizar nuestro lado izquierdo del cerebro, el creativo. Aquí tenemos que poner toda la carne en el asador como si fuéramos contables o notarios, porque lo estamos haciendo es pulir el texto, la trama, los personajes, los diálogos, las descripciones y la narración.

¿Reducir o aumentar páginas?
Cuando Sthepen King corrije sus novelas suele descartar el 10% de lo que ha escrito. Lo que hace es recortar todo aquello que resulta superfluo: narraciones muy largas o diálogos que se han vuelto eternos.

Pero esto no es siempre así. A veces finalizas una novela de 300 páginas y al corregirla entiendes que conviene hablar más de un personaje para que el lector pueda conocerle mejor; o que te has pasado 15 páginas de narración sin incluir un sólo diálogo y hay que añadir un par de ellos; también te puede suceder que notes que la historia se queda coja y convenga incluir algún nuevo capítulo.

Es decir, que en la corrección de una novela puede suceder que aumente o disminuya su número de páginas. Y eso es algo que no debe de preocuparnos, como no le suele preocupar a una editorial. Lo que nos tiene que traer de cabeza es conseguir redondear todos los elementos para que conformen el mejor manuscrito posible.

Cambios "mayores"
Tras esta primera lectura comenzaremos a incluir los cambios "mayores". Son los que implican inventarse nuevos personajes para cuadrar la trama (a veces pasa), los capítulos nuevos, las correcciones más pesadas...

Cuando creamos que ya hemos corregido todo lo corregible, tendremos que volver a leer el manuscrito. Para entonces es posible que hayamos cometido nuevas incorrecciones ortográficas o gramaticales (al cortar, pegar o añadir textos) y, de paso, observaremos cómo "suena" la novela. Si algún punto nos chirria tendremos que volver sobre él para pulirlo de nuevo hasta que consideremos que queda perfecto.

Este trabajo, muy poco agradable para los que nos gusta sentarnos delante del ordenador y teclear, es sin embargo necesario porque las cosas nunca salen bien a la primera y necesitan retoques. De hecho, es muy probable que tras acabar el libro y guardarlo en un cajón durante dos meses, al retomar su lectura lo primero que pensemos es en tirarlo a la basura. ¡No! Tampoco hagáis eso, casi todo tiene arreglo en esta vida y seguro que vuestro manuscrito también. Pero ¿a qué ya no os parece una obra digna de ganar el Nobel como cuando la guardásteis para que descansara?

Eso nos pasa a todos, por ese motivo es necesario dar un respiro al manuscrito y dárnoslo a nosotros mismos, para poder verlo con la mayor objetividad posible porque hay que saber que, en cuanto comencemos a enviarlo a editoriales nadie va a tener piedad ni con nosotros ni con nuestro libro. Son profesionales que no nos conocen y que sólo nos ayudarán a mejorar el manuscrito si realmente piensan que la obra es un diamante en bruto.

Así que necesitamos hacer esta revisiones para entregarles el mejor diamante en bruto que seamos capaces de crear. Más tarde veréis porqué vuestras múltiples correcciones y lecturas sólo os llevarán a un diamante en bruto por mucho que os esforcéis en pensar que ya es una obra finalizada. En realidad, está inconclusa... pero esto lo trataremos en otro Tema.

Tened en cuenta que las editoriales reciben muchos manuscritos cada mes y que no tienen tiempo de estudiarlos todos en profundidad. Lo normal es que rechazen inmediatamente los que tienen defectos de presentación. Así que el nuestro no puede tener ninguno, no lo olvidéis.

Primeros lectores
Ahora ya nos vamos acercando al momento de nuestras primeras críticas reales. Tenemos que ofrecer nuestra novela para que sea leída, dejar que vuele de nuestras manos y ver qué opinan otras personas.

Lo preferible es seleccionar un grupo de amigos o familiares. También sirven los padres, las madres menos, suelen ser poco objetivas. La mía está esperando todavía que me concedan el Planeta por mi primera novela y continua sin entender porqué no lo han hecho ya :)

Este grupo de personas se encargará de leer nuestra novela y ofrecernos las primeras críticas. Tenemos que pedirles que sean lo más sinceros posible y ha de quedarles claro que no buscamos una crítica profesional (porque todos te dirán que no son críticos ni entienden de literatura). La crítica profesional ya nos la harán cuando una editorial acepte nuestro manuscrito, ahora lo que necesitamos es oír la voz de la calle y saber la aceptación que puede encontrar nuestra novela entre un público lector normal.

Muchas veces os dirán que les ha gustado, que está muy bien... pero eso no os sirve. Tendréis que preguntar, indagar qué personaje le ha hecho sentir bien, cuál actúa de forma extraña, dónde se ha aburrido, qué cambiaría de los diálogos, qué descripción le ha parecido más pesada... Consiste en hacer preguntas que lleven implícita la idea de que hay algo mal, dar por supuesto que la novela no es perfecta. Y de ese modo les podréis sacar más información que poseen pero que, en ocasiones, no saben cómo expresar.

Con todo eso os queda hacer una nueva corrección. Sí, lo siento, hay que leerse la novela de nuevo para incluir todas aquellas correcciones de vuestro círculo más íntimo que creáis válidas.

Casi hemos terminado
Bien, ya hemos corregido la novela y la hemos vuelto a leer por segunda vez desde que la terminamos hace un par de meses, la han leído nuestros amigos o familiares, hemos escuchado sus críticas y hemos incoporado nuevas correcciones de acuerdo a sus críticas y consideramos que nuestro gran diamante en bruto está listo para la presentación a las editoriales. ¡Alto! Todavía no, antes tenemos que asegurarnos su autoría ¿no creéis? u ¿os gustaría que alguien plagiase el manuscrito que con tanto mimo habéis escrito y corregido?

Así que, lo siguiente que vamos a hacer es registrarla. Y eso lo aprenderemos en el siguiente capítulo de Editar: Asegurar la autoría, Registro de la Propiedad Intelectual.

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