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2 sept. 2009

Entrevistando a la autora


He leído El Alfabeto Sagrado y la novela ha captado mi atención desde el primer momento. No he podido parar hasta terminar de leer la última página. ¿Cuál es tu secreto para mantener atrapado al lector desde el principio?
Supongo que es la forma en que se entremezclan los interrogantes. En la primera página le planteo al lector un enigma, un secreto si lo prefieres; y en las siguientes voy poco a poco desvelándolo. Sin embargo, antes de hacerlo del todo, le introduzco en un nuevo misterio, de tal forma que la novela es una suerte de “collar” en el que sus cuentas están entremezcladas y al lector le cuesta dejar de leer al pensar que dispondrá de la solución un par de páginas más adelante. Si la obra está bien escrita, no se percatará de que cuando resuelva el primer enigma, un nuevo interrogante comenzará a recabar su atención.
Me ha fascinado la documentación que ofreces y la forma en que lo haces en la novela. Como lector, apenas si he percibido esa información y es de agradecer, ya que se trata de una novela de ficción no de un ensayo. ¿Cómo lo consigues?
Los autores a veces no nos damos cuenta de lo bondadosos que son los lectores con nosotros: ellos compran un libro nuestro y, confiados, se lo llevan a casa y gastan tiempo que podrían dedicar a otra cosa en leerlo. Les hemos creado la ilusión de que nuestro libro les va a gustar y mi única forma de darles las gracias es escribir para ellos algo que no les defraude. Por eso no me importa tener que hacerme casi una experta en los temas de los que trata mi novela pero siempre sabiendo que no puedo poner toda esa documentación en el libro. El lector se merece un respeto y desea entretenerse con una obra de ficción, no convertirse en catedrático del tema que trato. Por ese motivo intento siempre introducir la documentación justa, y en los momentos más adecuados, en la novela. Prefiero pecar por defecto que por exceso.

De todas formas, esos temas resultan difíciles para el público en general. ¿Qué haces para que al final no lo sean?
Creo que la dificultad no reside tanto en el tema a tratar si no en cómo está situada dentro del hilo de la trama. Hay que ir disponiendo la documentación más relevante en los lugares adecuados. Escribir bien una novela de ficción no consiste en plasmar en ella toda la documentación que has buscado. Como te he comentado anteriormente, no pretendo demostrarle al lector todo lo que sé o la ingente documentación que he utilizado para escribir la obra. Entiendo que a él no le interesa eso, lo que quiere es distraerse y entretenerse al tiempo que aprende algo de historia o de cualquier otro tema.
Teniendo en cuenta que hablamos de un libro de casi 550 páginas, ¿qué te ha llevado más tiempo, documentarte o escribir la novela?
Por supuesto, la documentación. Una vez que he recabado toda la información y la he asimilado interiormente, tengo que ordenarla en la cabeza y eso puede llevarme más de un año. Después, puedo escribir la novela en tan sólo 3 o 4 meses.
Una de las preguntas que nos hacemos siempre los lectores es: ¿de dónde obtiene un autor sus ideas? ¿Cómo es realmente el proceso de creación?
Decía Picasso que esperaba que las musas le pillaran trabajando. Y estoy de acuerdo con él. La inspiración, al contrario de lo que pretendió hacernos ver la cultura griega, no te llega cuando menos lo esperas. En el tipo de historias que yo creo se trata de un largo trabajo que comienza cuando te interesas por un tema y quieres saber más de él, luego te atrae otro y comienzas a informarte. Poco a poco esa documentación forma parte de ti y es entonces cuando intentas hilar todas esas ideas diferentes, conectarlas y comenzar a crear una historia con sentido. Pero, sin el arduo trabajo de búsqueda, recopilación y asimilación, nunca conseguirás conectar ninguna idea, porque no tendrías ninguna.
¿Cómo te documentas?
Por regla general comienzo con la web, que es una herramienta muy útil. La red me proporciona bibliografía y me ofrece diversos puntos de vista para tratar un mismo tema. Luego leo, y a veces hasta releo tres o cuatro veces, los libros y obras de los estudiosos que tratan los temas de mi interés. Suelo buscar vídeos relacionados y después comienza el trabajo de campo. Se trata de visitar los sitios de los que vas a hablar en tu novela para escribir descripciones lo más reales posibles. También entrevisto a autores para que me cuenten sus teorías, ésas que ya he leído en sus libros y que siempre necesito que me aclaren. Sólo después de todo esto comienzo a escribir la novela.
¿Por qué ficción histórica? ¿Por qué no has elegido cualquier otro género?
Quizá hayan sido los hados (risas). Lo cierto es que la historia siempre me ha interesado sobremanera. Cuando estudias en la escuela te enseñan los hechos pasados y si te interesan comienzas a leer por tu cuenta y entonces percibes que casi siempre las cosas no son ni blancas ni negras, que existe una amplia gama de matices grises. Un ejemplo lo encontré en las Guerras Púnicas, la versión que ofrecen los romanos de ella es muy diferente de la que nos cuentan los pocos documentos cartagineses que hemos encontrado. Este hecho nos ofrece la certeza, resumida en un refrán popular, de que el color de las cosas depende del cristal en que se miran. Y así fue como la historia comenzó a engancharme; de hecho, si te fijas bien, la verdadera historia tiene más misterios y acción que una novela de aventuras.
Sin embargo, para ser sincera, he de reconocer que también me atrae la buena ciencia ficción, y la novela negra. No desdeño la posibilidad futura de adentrarme en otros géneros aunque, hoy por hoy, me decanto por la historia.
Entonces, prefieres leer historia, pero ¿novelas o libros de documentación?
Ambas, porque si lees una novela de la que sabes que el autor es un documentalista concienzudo y a la vez un buen narrador, quieres separar la ficción de la realidad.  Tu propia curiosidad te llevará a leer libros de investigación y es una de las mejores formas que he encontrado de poder “destejer” la urdimbre del autor; porque, si el autor es bueno, como lector no podrás saber dónde termina la ficción y dónde comienza la realidad.
Es un juego intrigante que me apasiona. Y para lograrlo necesito saber más sobre la historia real en la que está basada la ficción. Así que, definitivamente, me gusta leer ambos tipos de narrativa, cada una me distrae y entretiene de una forma diferente.

¿Qué consejo darías a todos aquellos que deseen escribir un thriller histórico?
En primer lugar que se documenten lo más minuciosamente que puedan. La información que recaben y asimilen es como los cimientos de una casa. Son su base, sobre la que posteriormente apoyará el resto del edificio. Después de digerir toda la documentación tiene que devolverla “traducida” para el lector de una forma comprensible y sencilla y dejarla caer en pequeñas dosis, y en los lugares adecuados, en la novela. Continuando con el símil de la casa, esto serían las paredes, los ladrillos.
Luego tenemos que diseñar el interior de la vivienda, y ahí entra en juego nuestra capacidad para recrear mundos reales. Hablo de engarzar la trama de la novela con los personajes. Lo último de todo, es ponernos a escribir, decidir qué van a hacer esos personajes y cómo se van a relacionar entre ellos, se trata de la decoración final: poner las cortinas y colgar las lámparas.

Contado así, parece fácil…
(Risas) Pues no lo es, créeme. Sin embargo, es un trabajo como otro cualquiera, tienes que organizarte y hacer las cosas poco a poco. No te puedes poner a escribir si no sabes sobre qué vas a escribir. Tomando otra metáfora que me viene a la cabeza, no puedo ponerme a hacer una ensalada de tomates si no sé siquiera si tengo tomates en la nevera. Y si quiero tomates, pues tengo que ir a comprarlos. Primero selecciona los ingredientes, comprueba que dispones de ellos y si no adquiérelos, después mézclalos a tu gusto y del resultado opinarán tus invitados. En este caso, los lectores. Ellos siempre tienen la última palabra.

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