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4 dic. 2009

Escribir: Tema 1. ¿Dónde escribo?

Leo en un artículo titulado “La cueva del escritor” que “el sueño de todo aquel que se plantea escribir es hacerlo en una casa grande con una hermosa vista sobre el mar batiendo sus olas a través de grandes ventanales, un perro muy peludo dormitando junto a una chimenea en el salón, una piscina en el jardín trasero y un par de caballos en la cuadra para dar paseos por el bosque circundante. Eso sería estupendo, qué duda cabe. Son las condiciones ideales para escribir”.

Puedo deciros que yo lo tenía casi todo, excepto el mar que lo sustituí por un extenso y anciano pinar; el perro, tenía dos gatos persas aunque en realidad parecían dos perros peludos; y los caballos, que no estaban en mi casa, sino en la del vecino.

Ahora vivo en un piso pequeño en el centro de una gran ciudad con una actividad inmensa. Mi biblioteca se ha reducido a la mínima expresión ya que el resto está guardado en cajas por falta de espacio y mi escritorio también ha dejado de ser amplio. Sin embargo, continúo escribiendo igual que antes. Si acaso, mejor todavía, ya que la maestría se aprende con la práctica y lo que importa es escribir no dónde lo haces.

Así que, para escribir, solo hay que buscar un rincón, cualquiera sirve, porque “escribir” no es un lugar de nuestra casa. “Escribir” es un espacio intermedio entre lo real y lo imaginado.

No sé si os ha sucedido que cuando lográis concentraros en la escritura ya no veis lo que tenéis a vuestro alrededor y el tiempo se pasa volando. A mí sí. Y es precisamente ese espacio al que me refiero: un lugar al que sólo vuestra mente llega y del que salen las historias que contáis.

Quizá este breve relato pueda resultaros más ilustrativo:

La burbuja

El lugar donde escribes no es un espacio ni sucede en un tiempo preciso.

Cuando escribes se desdibujan los objetos que te rodean y el tiempo parece combarse a tu alrededor. Se abre una burbuja sobre ti que te aísla de lo que te rodea. Dentro de esa burbuja sólo estás tú, tu ordenador y una hoja del Word que te mira con los ojos en blanco esperando que seas capaz de pintar en ella unas pupilas negras combinando las letras de su teclado.

Dentro de esa burbuja no existen el tiempo ni el espacio limitándote con sus presiones y estrecheces. Allí sólo estás tú, con tu imaginación y las estrecheces y limitaciones que lleves dentro de ti.

No hacen falta rincones con vistas a montañas nevadas, ni escritorios con viejas máquinas de escribir y botellas de whisky a medio beber. Únicamente necesitas tu ordenador y, sobre todo, tú y tu burbuja.
 

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