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30 sept 2009

Conversando con la autora

El Alfabeto Sagrado es una novela de ficción, de hecho se encuadra dentro de lo que actualmente se denomina thriller histórico pero, en realidad ¿qué significa eso?
Dentro del sector editorial, se engloba como “thriller histórico” a aquellas novelas que tienen una base histórica, bien porque utilizan personajes reales que han vivido tiempo atrás o bien porque se ambientan en sucesos del pasado.

En el caso de El Alfabeto Sagrado, la parte histórica hace referencia a los mandeos, un grupo religioso muy interesante que ya existía antes de la llegada de Jesucristo.

¿Por qué escribir sobre historia?
La historia siempre me ha fascinado. Se repite mucho la frase de que “si no conocemos nuestro pasado, estamos condenados a repetirlo”. Pienso que la sentencia es cierta, sobre todo en lo relativo a nuestros errores, y por eso ha sido un tema recurrente en mis lecturas. Además, la historia da mucho juego a la hora de crear novelas de ficción.

Pero no sólo has leído novelas históricas…
No, tengo que reconocer que suelo leer casi cualquier género y que de todos aprendo algo. Es cierto que en el pasado leía casi exclusivamente novela histórica. Autores como Robert Graves, Mika Waltari, Gisbert Haefs, Gore Vidal o Mary Renault me fascinaron con sus historias. Pero con el tiempo diversificas. Hubo una época en que me atrajo la ciencia ficción y leí a Orson Scott Card y a Arthur G. Clarke, entre otros; pero también Agata Christie, P. D. James o Patricia D. Cornwell me han atrapado con su narrativa.

¿Cuál de todas esas obras ha influido en mayor grado sobre ti y sobre tu forma de narrar?
Creo que no podría nombrarte una obra en particular. Todas ellas, de algún modo, han contribuido a que yo escriba como lo hago. Cuando lees una novela, es posible que la obra en su conjunto no sea excepcional, pero descubres que ha tratado la psicología de los personajes de una forma magistral, y te quedas con eso. Con otra obra puede suceder que lo que te atraiga sea la trama, la forma en que desarrolla la acción, o el suspense… Por ejemplo, de José Luis Sampedro me maravilla el tratamiento que da a los personajes, cómo cambian a lo largo de la obra; y de Stephen King, que es un autor diametralmente opuesto, admiro como consigue introducirte dentro de sus ficciones.

¿Qué autores actuales sueles leer?
Como te he comentado, casi de todo. A la hora de elegir un libro no discrimino por su temática; más bien, suelo hacerlo por su calidad. Una cosa es leer de todo y otra muy diferente es pretender disfrutar con obras mal escritas.

¿Qué es lo último que has leído?
Ahora estoy inmersa en la documentación de mi próxima novela y estoy leyendo algunas obras de Michio Kaku, sobre Universos Paralelos, la Teoría de Cuerdas... Pero que no se asusten los lectores, es sólo el punto de partida para hilar una historia atractiva, de acción…

Por tu tipo de narrativa, la acción de tu trama,… ¿con cuál de todos los autores que has leído te gustaría que te compararan?
Creo que cada escritor posee su propio estilo, y que escribe influenciado por las lecturas que ha leído pero también por las circunstancias de su vida, que son las que han definido su carácter y su postura ante los acontecimientos. Decir de alguien que es el Ken Follett español o el Pérez-Reverte francés, me parece reducir la realidad a su mínima expresión y denota una simplicidad extrema. Cada autor lleva con él sus experiencias y sus vivencias y no son comparables con ningún otro.

Tras leer El Alfabeto Sagrado me ha sorprendido lo bien que sabes distribuir la documentación en la novela para que los lectores la digieran sin percatarse, ¿cómo lo consigues?
Supongo que es un trabajo de asimilación bastante arduo. Verás, yo ahora estoy documentándome sobre física cuántica. Es evidente que no puedo escribir una novela de ficción, con una trama trepidante, escribiendo sobre los quarks y los cuantos. Alguien podría decirte: “¡Cuantos!” ¿Qué es eso?”.

El trabajo de un autor no sólo consiste en narrar bien; también tiene que dosificar, casi de una forma milimétrica, la documentación que ofrece a sus lectores. Ellos tienen que entender el tema, pero seguir la historia sin perderse, sin tener que volver la página para releer lo leído por falta de compresión. Eso se consigue cuando el autor ha digerido la documentación que forma parte de la novela y, cuando al mostrarla en la obra, lo hace con pequeñas dosis y de una forma que resulte sencilla para un profano.

¿Tu formación académica te ha ayudado para conseguir eso?
Creo que sí. Soy periodista, y una de las cosas que te enseñan muy bien en la facultad es a documentarte. Si amplias tu campo de acción y no sólo buscas bibliografía si no que también te lanzas al trabajo de “campo”, consigues una perspectiva amplia del tema que tienes que tratar. En el fondo, el trabajo de escribir una novela comienza con la búsqueda de la documentación, prosigue con el análisis y el resumen, y finaliza con cómo plasmas eso en la ficción.

Además, piensa que escribir un artículo o un reportaje es contar una historia, como en las novelas, comunicar algo al lector de una forma atractiva con un principio, un desarrollo y un final, sólo que con menos palabras. El periodismo es un buen punto de partida si deseas ser escritor.

Háblame de tus próximos proyectos. Me has comentado que tienes una nueva novela en mente ¿Me puedes adelantar algo?
Más bien poco, y no es por superstición. Aunque muchos escritores prefieren no contar nada por si sus proyectos se “gafan”, no es mi caso. Se trata simplemente de que la obra aún está en mantillas. Apenas si he comenzado a saber por dónde irá la trama y ni siquiera tengo los personajes bien perfilados. Pregúntame a principios de año, quizá para entonces pueda ofrecerte más datos.

Sé que es una pregunta aventurada, pero ¿piensas que El Alfabeto Sagrado será un éxito de ventas?
(Risas) Estoy de acuerdo contigo en que la pregunta es un poco aventurada, y no sé qué pasará con El Alfabeto Sagrado, pero lo que sí puedo confirmarte es que la editorial Temas de Hoy apostó muy fuerte por ella desde el principio y no suelen hacerlo con todas las obras. Además, la acogida que ha tenido la primera edición en pre-venta ha sido espectacular. Ni yo misma me lo podía creer, y por las opiniones de los lectores que ya la han leído, sí puedo confirmarte que la historia está gustando.

Como colofón a esta entrevista, ¿deseas añadir algo?
Déjame que aproveche esta ocasión para enviarles a todos los lectores un saludo desde aquí y que les dé mis más sinceras gracias por las palabras de ánimo que me dedican. Gracias a todos.

20 sept 2009

Perfil

Decía Stephen King que para escribir bien había que leer mucho y escribir mucho, y de Gemma puede asegurarse que ha hecho ambas cosas. Y ¿por qué? Dice que lee por que le gusta, porque le ha mostrado otros mundos, otras vidas; pero, sobre todo, porque le ha enseñado otra forma de entender esos mundos y esas vidas. Y por ese mismo motivo escribe, porque desearía devolver todo lo que ha recibido al mayor número posible de personas.

Las novelas de Gemma están dirigidas hacia un público muy amplio, su prosa no es elitista. Ella escribe para todos aquellos que estén interesados en entretenerse, en distraerse, pero sin olvidar que todavía podemos ayudar a quien lo necesita. Buena literatura con trasfondo social.


Para conseguir eso era necesario que comprendiese las diferentes formas de escribir y de comunicarse con el lector: ha leído novela negra, ciencia-ficción, best-sellers americanos, casi siempre obras de acción, de trama vibrante, que al final han influido de manera notable en las suyas propias. Podría decirse que es heredera y deudora de la generación actual de escritores estadounidenses adaptada, eso sí a las tendencias españolas.

Su obra capta al lector desde las primeras páginas sin permitirle abandonar la lectura hasta el final. Encadena cada uno de los capítulos con el siguiente dejando abierta la puerta a nuevas preguntas sin respuestas. Crea en el lector la necesidad de continuar leyendo para descubrir esas respuestas que tanto desea conocer.

La prosa es limpia y directa, la autora se olvida de utilizar barroquismos innecesarios haciendo uso de un lenguaje sencillo, que no simple, siempre correcto y concreto. Y eso, unido a que sabe cómo ponerse en la piel del lector cada vez que tiene que incluir algo de la extensa documentación que utiliza, provoca que nunca sea necesario volver a la página anterior para saber qué nos está contando.

Es probable que sea un efecto de otra de sus grandes aficiones, la historia. La novela histórica forma parte muy destacada de su biblioteca particular: Sinuhé, el egipcio, Creación, Yo Claudio, El vellocino de oro, El muchacho persa, Los últimos días de Pompeya, Juliano el apóstata,... son obras de grandes escritores de la talla de Gore Vidal o Robert Graves que han sido decisivos para que la historia forme parte destacada de su propia narrativa. Pero, como tantas otras cosas, también la historia ha sido adaptada al lector de hoy en día y se trata de una historia que la autora ha leído, aprendido y asimilado para después devolvérsela al lector de una forma sencilla. Por eso, en El Alfabeto Sagrado, nadie conoce a los mandeos hasta que comienza a leer. Cuando cierra el libro se ha convertido en todo un experto; sin esfuerzo, sin apenas darse cuenta porque la documentación se integra en la obra de un modo natural.

En ocasiones la acción de leer se convierte en ver, en visionar; y El Alfabeto Sagrado es como una de las películas que tanto admira la autora, como las de Indiana Jones, La momia, Las minas del rey Salomón o Piratas del caribe; pero también pueden observarse indicios de una mayor profundidad en el tratamiento de los temas o en la estética que desarrolla que nos hacen pensar en Los diez mandamientos o en Quo Vadis. Los paisajes, incluso los personajes, a veces están imbuidos de un cierto romanticismo añejo que nos recuerda a Mogambo o, incluso, a Casablanca.
Nada se ha dejado al azar, todo ha sido estudiado, quizá en ocasiones con exactitud paranoica, pero eso convierte a El Alfabeto Sagrado en una novela de lectura ágil y sencilla donde los personajes encajan con la trama y la historia ameniza y entretiene sin mayores pretensiones... o quizá sí; porque Gemma ha escrito la obra con dos ideas muy claras en la mente: devolver su antiguo esplendor al Museo Arqueológico de Bagdad y salvar a la secta mandea.

Al primero le gustaría verlo como era antes de los saqueos, antes de la invasión norteamericana, cuando se exponían en sus vitrinas objetos que nos han hecho como somos. La historia que guardaba en sus salas hablaban del origen de la Humanidad; sí, de la Humanidad con mayúsculas. Las piezas mesopotámicas, asirias y babilónicas pertenecían a nuestro origen como sociedad. Son tan anteriores a todas las dinastías egipcias, que hasta ellas han copiado parte de su panteón religioso y de su ciencia.

Los sumerios nos enseñaron a contar el tiempo en segundos, en minutos y en horas; nos dijeron cómo escribir con palabras, como desplazarnos con la rueda, incluso la leyenda del Diluvio Universal es suya, no de nuestra Biblia. Fue todo un ejercicio de hipocresía que las mejores piezas del museo fueran robadas por encargo expreso de coleccionistas de arte de Londres, París o Nueva York.
Y con respecto a los mandeos... para ellos Gemma pide otro tipo de humanidad, con minúsculas, pero no por ello de menor calibre. Se habla poco sobre ellos, nada en España, y sin embargo han llegado hasta las Naciones Unidas, tienen organizaciones y asociaciones en defensa no ya de sus derechos, si no de su propia vida. Porque, tras la invasión de Irak esa vida se ha vuelto muy barata: resulta relativamente sencillo asesinar a un mandeo, violar a sus mujeres u obligarlas a convertirse forzosamente al Islam. Para ellos la autora desea reconocimiento y ayuda. Constituyen el eje clave de toda su obra porque cree que escribir sobre ellos de forma novelada puede ayudarlos a salir del anonimato y a colocarlos en la primera fila de los noticiarios. Conocerlos y entenderlos puede significar la diferencia entre su vida o su muerte.

No en vano su libro de cabecera es un canto a la vida, La vieja sirena, de José Luis Sampedro. Y a su lado descansa La sonrisa etrusca. Porque ella dice que “siendo obras para pensar, también son libros para vivir. En realidad, todos los libros del viejo Sampedro destilan vida por los cuatro costados. Yo diría que son Vida en estado puro. Y eso, precisamente, es lo que representan los mandeos”.

En resumen, Gemma ha descubierto cómo escribir novelas con un trasfondo humano y social, pero también actuales, llenas de acción, con una trama trepidante; tan visuales que parece estar asistiendo al estreno de una película en donde nada es superfluo y el menor dato importa, porque el lector forma parte de la obra y él, paso a paso, también podrá esclarecer los misterios que la autora propone.

15 sept 2009

Entrevista con Gemma Nieto


¿El Alfabeto Sagrado es tu primera novela?
No, en realidad es la segunda. Anteriormente me estrené con una obra que se difundió entre un público muy reducido pero que gustó mucho. Algunos lectores me han llegado a decir que no desmerece nada su calidad narrativa comparada con El Alfabeto Sagrado. Se titulaba Evangelium y tengo que reconocer que le profeso un gran cariño, quizá porque fue mi primera novela.

¿Cuál es su temática?
También es un thriller religioso, pero yo diría que más religioso que El Alfabeto Sagrado. Su acción se desarrolla en las tres ciudades más santas para la cristiandad: Roma, Santiago de Compostela y Jerusalén; y la trama nos lleva de la mano para guiarnos en un intrincado laberinto desde las catacumbas romanas hasta la catedral de Santiago, pasando por la Iglesia del Santo Sepulcro. Con estos decorados, un anticuario ayudado de sus amigos se ve involucrado en una aventura para intentar esclarecer aquellos primeros años de la cristiandad: ¿fue la Virgen María realmente virgen?, ¿tuvo Jesús más hermanos?, ¿quiénes fueron y a qué se dedicaron? Y la pregunta que se desvela al final de la novela y la que a mí me resultó más misteriosa de documentar fue: ¿quién fue el gemelo del que nos habla la Biblia? Creo que la baza principal de esta novela es que la documentación utilizada es básicamente la Biblia, la utilicé para realizar todas las afirmaciones que hice en cuanto al número de hermanos de Jesús y a qué se dedicaban. Pretendía que los lectores leyeran la Biblia olvidándose de las interpretaciones que la Iglesia cristiana nos ha ofrecido durante tantos siglos.

Entiendo que no saldrá publicada.
Tanto mi agente como yo decidimos no publicarla para el público en general, a pesar de haber recibido algunas ofertas, porque consideramos que su tiempo ya había pasado. Como puedes observar por la trama que te he contado es una novela un tanto demodé. Aunque yo la había escrito antes de que El Código da Vinci llegara a España, cuando comenzamos a prepararla para su publicación, ya habían salido muchas secuelas siguiendo la estela de Dan Brown y no queríamos ser otro libro más sobre la misma temática. Por eso la guardé en un cajón.

Volviendo a El Alfabeto Sagrado, ¿a qué público va dirigido?
A todos los públicos. Tanto las escenas de violencia como las de sexo son ligeras, para no herir la sensibilidad de ningún lector. Dejan entrever lo justo para que la imaginación de cada cual vuele por sí sola. Es cierto, como algún periodista ha dicho en alguna ocasión que me gusta crear un juego para el lector. Yo voy sembrando mis páginas de pistas que dejo sin resolver, para que ellos puedan descubrir lo que va a pasar. En el siguiente capítulo les desvelo el misterio, pero sólo para crearles uno nuevo. En realidad lo hago porque me gusta que el lector sea partícipe de la obra. No pretendo que se siente en un sillón a “tragarse” todo lo que yo le cuente. Quiero que participe conmigo y con los personajes de todo lo que está pasando. Quiero que lo haga de una forma entretenida, amena, pero activa.

Por tus comentarios deduzco que su lectura está al alcance de todos los públicos.
Sí, al menos esa ha sido mi intención. El lenguaje que he utilizado es concreto y correcto para cada situación, pero sin llegar a ser elitista. De nada te sirve escribir una novela con un lenguaje rebuscado y tan culto que sólo unos pocos puedan entender.

¿Por qué escribir El Alfabeto Sagrado? ¿Por qué no otra novela?
Porque una obra como ésta se adaptaba muy bien a mis intereses. Es cierto que he repetido que lo pretendo con la novela es entretener y en cierto modo enseñar algo de historia. Pero detrás de todo eso había una motivación más elevada y era la de prestar ayuda a los mandeos. No voy a discutir el hecho de que ellos están muy bien organizados y que cuentan con sus propias asociaciones en defensa de sus intereses pero, "¿por qué entonces aún continúan siendo perseguidos?", me pregunté. Pensé que quizá el problema residiera en la forma de acercarse a la gente y que era más fácil darse a conocer a través de una novela que por medio de un texto de protesta. Y utilicé todas las armas de que dispone un libro de este tipo para que la gente supiera que existen y que les necesitan.

¿Cómo te surgió la idea?
Fue bastante curioso, porque yo ya había oído hablar de ellos y había leído sobre el mandeísmo cuando me documenté para mi primera novela. Sin embargo, aparqué el tema debido a que no podía insertarlo para aquella obra. Tiempo después, cuando la editorial Suma, del Grupo Santillana, se interesó por los derechos de mi primera novela, disfruté de una buena comida con su directora, Ana Rosa Semprún y de sus interesantes consejos. Hoy es directora general de Espasa Calpe. En aquella ocasión no pudo ser, pero le debo mucho a esta extraordinaria mujer y gracias a ella retomé el tema de este grupo religioso, que constituyen los últimos gnósticos en pleno siglo XXI. Lo demás, como suele decirse, es historia, porque a día de hoy, cualquier lector puede tener en sus manos el resultado de mis pesquisas.

¿Qué has pretendido al escribir esta obra?
A veces pienso que he pretendido muchas cosas, y en otras ocasiones, creo que ninguna, que lo único que hacía era dar rienda suelta a una necesidad que llevo dentro y que básicamente es escribir, sólo escribir.
En aquellos momentos en que escribir se muestra como algo más, me doy cuenta de que había algo detrás de esa mera necesidad de comunicar, y era hacer algo por alguien. Y ese alguien, se me reveló en forma de grupo religioso, los mandeos. Pero también he de reconocer que el saqueo al Museo Arqueológico de Bagdad me estremeció. Cuando vi cómo habían quedado los orígenes de la Humanidad…

El resto de los museos del mundo contienen piezas muy antiguas y de gran valor para conocer nuestros orígenes pero, origen de verdad, lo podíamos encontrar en Irak. Allí nació la civilización tal y como la conocemos hoy en día: nuestra forma de contar el tiempo, el lenguaje, la rueda,… y tantos otros maravillosos avances se los debemos a la inteligencia de los sumerios. Y los sumerios vivieron en la zona que bañan los ríos Tigris y Éufrates, en Irak e Irán. Con el saqueo del Museo Arqueológico de Bagdad todos sin excepción hemos perdido parte de nuestros orígenes. Hay piezas que ya serán irrecuperables y de las que sólo podrán disfrutar algunos privilegiados delincuentes, aquellos que orquestaron el robo de las obras de arte.

¿Por qué nos introduces en el mundo de los mandeos, un grupo religioso del que nadie ha oído hablar? ¿Cómo llegó a interesarte el tema?
Creo que si tu obra es leída y aceptada, lo que cuentas puede influir y yo no deseaba enseñar, no tengo ánimo docente, pero sí deseaba mostrar. Mostrar el sufrimiento de una gente de la que me enamoré. Sus costumbres, sus ritos,… son personas tan pacíficas que conocer los horrores a que los sometían en pleno siglo XXI me dolía. Antes de la invasión de Irak podíamos estar hablando de unos 50.000 mandeos viviendo en sus tierras. A fecha de hoy apenas si sobreviven unos 2.000. Muchos de ellos han sido asesinados y el resto ha emigrado a EEUU, Inglaterra, Suecia o Australia. Y no siempre han sido bien recibidos en sus países de acogida, a pesar de los terribles actos a los que estaban siendo sometidos.

Me preguntas que como llegó a interesarme el tema. Nunca se sabe a ciencia cierta cómo algo entra en ti y decide quedarse junto a tu corazón. En este caso tampoco es fácil saberlo pero, de alguna forma, llegue a enamorarme de ellos. Las primeras imágenes que contemplé de ellos me trasladaron a una época desaparecida que forma parte primordial de mi iconografía religiosa. Verlos era ver un cuadro con Juan el Bautista bautizando a sus fieles en el río Jordán. Era trasladarte a un tiempo perdido, un viaje de 2000 años al pasado. Quizá me enamoró su paz.

¿Crees que desde tu modesta posición podrás hacer algo por ayudarles?
Eso espero, de todo corazón. La única vía que no han utilizado para darse a conocer es una novela de ficción que, por otro lado, es la forma en que se puede llegar más fácilmente al público.

Si comienzas a buscar información sobre ellos en español descubrirás que no hay nada. Todo se resume a un par de artículos en internet, unos vídeos en youtube de muy baja calidad y ningún libro que puedas leer. En alemán encuentras algo más, poco también en italiano o en francés. Casi toda la literatura que he podido recoger ha sido en inglés. Lo que más me ha desconcertado ha sido la total ignorancia que existe sobre este tema en nuestro país. Espero que mi contribución en forma de novela, ayude a la gente a interesarse por este tema. De hecho, he realizado un importante esfuerzo de documentación en otras lenguas para que toda la información que aporto sobre ellos sea verídica. No exagero si te digo que he pasado dos años estudiando sus costumbres, su forma de vida, sus ritos religiosos,…

¿Podría decirse que eres la primera y única especialista sobre mandeos en España?
Bueno, yo no afirmaría tanto. He leído un par de artículos breves en prensa sobre ellos y, aunque contienen algunos errores, no están mal. También el catedrático Antonio Piñeiro, especialista en la religión cristiana, los ha mencionado en alguna ocasión; y César Vidal ha hecho alusiones a ellos en alguna de sus obras. Sin embargo, resulta curioso que el libro traducido a nuestra lengua que más extensamente habla de ellos sea el escrito por los americanos Lynn Picknett y Clive Prince titulado La Revelación de los Templarios, lo hace en dos capítulos y con una clara desviación para que cumpla las tesis que defienden los autores.
Por lo demás, en España no se sabe nada de ellos.

¿Qué es lo que te ha fascinado de los mandeos?
Creo que principalmente ha sido su unión como grupo religioso válido. En un mundo desestructurado, donde la gente echa en falta una espiritualidad que le una con algo más grande que ellos mismos y al mismo tiempo les acerque a sus iguales, los mandeos constituyen ese grupo. Cuentan con la protección que ofrece la comunidad, que aún mantiene unos valores tradicionales a los que asirse.
De todas formas, si a alguien le interesa el tema y acaba convirtiéndose en un especialista mandeo, enseguida sabrá que nunca podrá formar parte de su comunidad. La mandea no es una religión misionera, sólo el que nace de padre y de madre mandeos, será un mandeo.

Otro tema que has tocado es el saqueo del Museo Arqueológico de Bagdad? ¿Tan importante resulta su expolio?
Al igual que los asiriólogos, considero que la franja de tierra bañada por las aguas de los ríos Tigris y Éufrates fue donde tuvo lugar el origen de la civilización. Con los sumerios puede decirse que abandonamos la prehistoria para comenzar a vivir en ciudades acondicionadas con alcantarillado, con agua corriente... Si bien es cierto que muchos de sus conocimientos se perdieron para la historia, otros han constituido el punto de partida para llegar hasta hoy, como la invención de la rueda, el contar el tiempo en minutos de 60 segundos y el dividir el día en 24 horas de 60 minutos cada una. Esto y mucho más se lo debemos a ellos. No en vano, gran parte de la documentación encontrada sitúa en sus tierras el Edén, el lugar donde Dios puso a Adán y a Eva. Creo que con esta explicación resulta innecesario contar porqué eran importantes las piezas que guardaba el museo.
Pero, la situación en Irak ya era delicada hace unos años...
Si, por supuesto, Saddam sabía muy bien lo que hacía fuerte a su país, podía ser un dictador, pero no era tonto. Aunque hoy te resulte incomprensible, Irak era un país en calma adónde podías viajar en vacaciones si te apetecía. Recuerdo los folletos turísticos, te hablaban de los jardines colgantes de Babilonia, de Nínive, Uruk,.. todas ellas constituyen las primeras ciudades que pueden ser consideradas como tal y no como simples agrupaciones de chozas. De hecho, los equipos arqueológicos trabajaban a destajo y el país poseía muchos yacimientos abiertos. Hoy, gran parte de ellos ha desaparecido gracias a los destrozos del ejército estadounidense que no supo, o no quiso, escuchar a sus arqueólogos más renombrados.

Volviendo a la novela, para un lector resulta muy difícil separa la ficción de la realidad en una novela como El Alfabeto Sagrado. ¿Puedes ofrecerles algunas pautas para que lo consigan?
Bueno, es difícil que puedan hacerlo y, además, considero que el mérito del autor consiste en que el lector no perciba donde acaba una y donde comienza la otra. Pero, si un lector se ha quedado con ganas de saber más siempre puede recurrir a la web como primera medida, después podrá contar con una bibliografía más amplia. Para todos aquellos de mis lectores que sientan más curiosidad, he publicado en la web de El Alfabeto Sagrado una serie de artículos informativos que le ayudarán. Además, he publicado también enlaces a otras web’s de interés así como bibliografía suplementaria.
Sin embargo, para facilitarles el trabajo, también he escrito un artículo titulado “Ficción o realidad” en donde le explico al lector qué es qué en El Alfabeto Sagrado. Está colgado en el blog.

5 sept 2009

Biografía


Gemma Nieto nació en 1971, es licenciada en Periodismo y ha cursado estudios de Marketing y Relaciones Públicas.

Sus primeros pasos profesionales comenzaron como redactora política para distintos semanarios locales y sus siguientes ocupaciones la hicieron decantarse, definitivamente, por la prensa escrita.

En los años noventa fundó y dirigió Tránsito, turismo y transporte, una publicación distribuida en las líneas aéreas, para pasar la década siguiente dedicada a Gaceta Dental, revista líder en su sector, de la que se encargó de labores publicitarias y de relaciones públicas.

A pesar de haber hecho del periodismo su forma de vida, su verdadera vocación era la novela. Algo que tenía claro desde muy joven y a lo que no llegó por casualidad, hasta el punto de que, actualmente, se dedica en exclusiva a escribir.

2 sept 2009

Entrevistando a la autora


He leído El Alfabeto Sagrado y la novela ha captado mi atención desde el primer momento. No he podido parar hasta terminar de leer la última página. ¿Cuál es tu secreto para mantener atrapado al lector desde el principio?
Supongo que es la forma en que se entremezclan los interrogantes. En la primera página le planteo al lector un enigma, un secreto si lo prefieres; y en las siguientes voy poco a poco desvelándolo. Sin embargo, antes de hacerlo del todo, le introduzco en un nuevo misterio, de tal forma que la novela es una suerte de “collar” en el que sus cuentas están entremezcladas y al lector le cuesta dejar de leer al pensar que dispondrá de la solución un par de páginas más adelante. Si la obra está bien escrita, no se percatará de que cuando resuelva el primer enigma, un nuevo interrogante comenzará a recabar su atención.
Me ha fascinado la documentación que ofreces y la forma en que lo haces en la novela. Como lector, apenas si he percibido esa información y es de agradecer, ya que se trata de una novela de ficción no de un ensayo. ¿Cómo lo consigues?
Los autores a veces no nos damos cuenta de lo bondadosos que son los lectores con nosotros: ellos compran un libro nuestro y, confiados, se lo llevan a casa y gastan tiempo que podrían dedicar a otra cosa en leerlo. Les hemos creado la ilusión de que nuestro libro les va a gustar y mi única forma de darles las gracias es escribir para ellos algo que no les defraude. Por eso no me importa tener que hacerme casi una experta en los temas de los que trata mi novela pero siempre sabiendo que no puedo poner toda esa documentación en el libro. El lector se merece un respeto y desea entretenerse con una obra de ficción, no convertirse en catedrático del tema que trato. Por ese motivo intento siempre introducir la documentación justa, y en los momentos más adecuados, en la novela. Prefiero pecar por defecto que por exceso.

De todas formas, esos temas resultan difíciles para el público en general. ¿Qué haces para que al final no lo sean?
Creo que la dificultad no reside tanto en el tema a tratar si no en cómo está situada dentro del hilo de la trama. Hay que ir disponiendo la documentación más relevante en los lugares adecuados. Escribir bien una novela de ficción no consiste en plasmar en ella toda la documentación que has buscado. Como te he comentado anteriormente, no pretendo demostrarle al lector todo lo que sé o la ingente documentación que he utilizado para escribir la obra. Entiendo que a él no le interesa eso, lo que quiere es distraerse y entretenerse al tiempo que aprende algo de historia o de cualquier otro tema.
Teniendo en cuenta que hablamos de un libro de casi 550 páginas, ¿qué te ha llevado más tiempo, documentarte o escribir la novela?
Por supuesto, la documentación. Una vez que he recabado toda la información y la he asimilado interiormente, tengo que ordenarla en la cabeza y eso puede llevarme más de un año. Después, puedo escribir la novela en tan sólo 3 o 4 meses.
Una de las preguntas que nos hacemos siempre los lectores es: ¿de dónde obtiene un autor sus ideas? ¿Cómo es realmente el proceso de creación?
Decía Picasso que esperaba que las musas le pillaran trabajando. Y estoy de acuerdo con él. La inspiración, al contrario de lo que pretendió hacernos ver la cultura griega, no te llega cuando menos lo esperas. En el tipo de historias que yo creo se trata de un largo trabajo que comienza cuando te interesas por un tema y quieres saber más de él, luego te atrae otro y comienzas a informarte. Poco a poco esa documentación forma parte de ti y es entonces cuando intentas hilar todas esas ideas diferentes, conectarlas y comenzar a crear una historia con sentido. Pero, sin el arduo trabajo de búsqueda, recopilación y asimilación, nunca conseguirás conectar ninguna idea, porque no tendrías ninguna.
¿Cómo te documentas?
Por regla general comienzo con la web, que es una herramienta muy útil. La red me proporciona bibliografía y me ofrece diversos puntos de vista para tratar un mismo tema. Luego leo, y a veces hasta releo tres o cuatro veces, los libros y obras de los estudiosos que tratan los temas de mi interés. Suelo buscar vídeos relacionados y después comienza el trabajo de campo. Se trata de visitar los sitios de los que vas a hablar en tu novela para escribir descripciones lo más reales posibles. También entrevisto a autores para que me cuenten sus teorías, ésas que ya he leído en sus libros y que siempre necesito que me aclaren. Sólo después de todo esto comienzo a escribir la novela.
¿Por qué ficción histórica? ¿Por qué no has elegido cualquier otro género?
Quizá hayan sido los hados (risas). Lo cierto es que la historia siempre me ha interesado sobremanera. Cuando estudias en la escuela te enseñan los hechos pasados y si te interesan comienzas a leer por tu cuenta y entonces percibes que casi siempre las cosas no son ni blancas ni negras, que existe una amplia gama de matices grises. Un ejemplo lo encontré en las Guerras Púnicas, la versión que ofrecen los romanos de ella es muy diferente de la que nos cuentan los pocos documentos cartagineses que hemos encontrado. Este hecho nos ofrece la certeza, resumida en un refrán popular, de que el color de las cosas depende del cristal en que se miran. Y así fue como la historia comenzó a engancharme; de hecho, si te fijas bien, la verdadera historia tiene más misterios y acción que una novela de aventuras.
Sin embargo, para ser sincera, he de reconocer que también me atrae la buena ciencia ficción, y la novela negra. No desdeño la posibilidad futura de adentrarme en otros géneros aunque, hoy por hoy, me decanto por la historia.
Entonces, prefieres leer historia, pero ¿novelas o libros de documentación?
Ambas, porque si lees una novela de la que sabes que el autor es un documentalista concienzudo y a la vez un buen narrador, quieres separar la ficción de la realidad.  Tu propia curiosidad te llevará a leer libros de investigación y es una de las mejores formas que he encontrado de poder “destejer” la urdimbre del autor; porque, si el autor es bueno, como lector no podrás saber dónde termina la ficción y dónde comienza la realidad.
Es un juego intrigante que me apasiona. Y para lograrlo necesito saber más sobre la historia real en la que está basada la ficción. Así que, definitivamente, me gusta leer ambos tipos de narrativa, cada una me distrae y entretiene de una forma diferente.

¿Qué consejo darías a todos aquellos que deseen escribir un thriller histórico?
En primer lugar que se documenten lo más minuciosamente que puedan. La información que recaben y asimilen es como los cimientos de una casa. Son su base, sobre la que posteriormente apoyará el resto del edificio. Después de digerir toda la documentación tiene que devolverla “traducida” para el lector de una forma comprensible y sencilla y dejarla caer en pequeñas dosis, y en los lugares adecuados, en la novela. Continuando con el símil de la casa, esto serían las paredes, los ladrillos.
Luego tenemos que diseñar el interior de la vivienda, y ahí entra en juego nuestra capacidad para recrear mundos reales. Hablo de engarzar la trama de la novela con los personajes. Lo último de todo, es ponernos a escribir, decidir qué van a hacer esos personajes y cómo se van a relacionar entre ellos, se trata de la decoración final: poner las cortinas y colgar las lámparas.

Contado así, parece fácil…
(Risas) Pues no lo es, créeme. Sin embargo, es un trabajo como otro cualquiera, tienes que organizarte y hacer las cosas poco a poco. No te puedes poner a escribir si no sabes sobre qué vas a escribir. Tomando otra metáfora que me viene a la cabeza, no puedo ponerme a hacer una ensalada de tomates si no sé siquiera si tengo tomates en la nevera. Y si quiero tomates, pues tengo que ir a comprarlos. Primero selecciona los ingredientes, comprueba que dispones de ellos y si no adquiérelos, después mézclalos a tu gusto y del resultado opinarán tus invitados. En este caso, los lectores. Ellos siempre tienen la última palabra.