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7 jun 2010

Slide divertida

11 nov 2009

Una idea, un regalo original desde la cueva de Juan el Bautista

Aunque Jerusalén es la cuna de la Biblia y nos ha deparado extraordinarios yacimientos arqueológicos, han sido muy pocos los objetos encontrados relacionados con pasajes del Nuevo Testamento. Y, con toda certeza, no podemos exponer ninguno de ellos en el salón de nuestra casa.
A principios del siglo XXI, el arqueólogo norteamericano Shimon Gibson comenzó a excavar en una cueva perteneciente a los terrenos del kibbutz Suba, en las inmediaciones de Jerusalén. Más tarde, sería conocida como la gruta del Bautista.

Esta cueva constituye un importante descubrimiento para la arqueología de Tierra Santa ya que el doctor Gibson asegura que bien podría haber sido el lugar en donde Juan el Bautista bautizara a sus seguidores a principios de nuestra era. Merece la pena recordar el hecho de que algunas corrientes de exégetas afirman que el Bautista no bautizó en el río Jordán, si no en alguna cueva como la que ha estudiado el doctor Shimon Gibson.

Cuando el arqueólogo nortemaericano, auspiciado por la universidad de Carolina del Norte, comenzó sus trabajos de excavación, lo primero que tuvo que hacer fue extraer la enorme cantidad de piedras, lodo y guijarros que habían llenado la gruta a lo largo de los siglos de desuso. Los desprendimientos habían conseguido  rellenarla por completo.

Sin embargo, todas aquellas "piedrecillas" no se tiraron a ningún tipo de vertedero, hoy pueden adquirirse como recuerdo de nuestra estancia en Jerusalén. Hay una empresa especializada en este tipo de recuerdos que ha diseñado una caja-regalo muy especial. El paquete lleva impreso la imagen de Juan el Bautista, que Gibson encontró grabada en una de las paredes de la gruta y que representa al precursor vistiendo una tosca piel tosca y con los brazos alzados. La caja-regalo incluye un certificado de autenticidad y cuenta con una excelente presentación.

Existe un vídeo colgado en youtube, cuyo enlace os dejo aquí:

Así como la dirección de la empresa que comercializa el producto:

21 oct 2009

Tras la realidad de la ficción


He dudado mucho a la hora de escribir este artículo, especialmente porque voy a desvelaros los personajes que yo tenía en la cabeza cuando escribí El Alfabeto Sagrado; pero también porque no deseo influenciaros si aún no habéis comenzado a leer el libro.

Cuando habéis ido al cine a ver una película basada en una novela, ¿no os ha sucedido que los actores que el director había elegido no se parecían en nada a cómo os los habíais imaginado vosotros? A mí me sucede a menudo, y siempre me defrauda porque, al fin y al cabo, la historia de un libro la vives y te la imaginas a tu antojo. El autor sólo te da unas pautas: de un personaje te dice que es rubio, de otro que parece alto,… pero el resto lo rellenas con tu imaginación. Sin embargo, en una película todo está hecho, queda muy poco margen para la fantasía.
Desconozco cómo crearán otros autores a sus personajes, pero yo necesito tenerlos delante, verlos. Y por ese motivo siempre tengo a mano sus fotografías, o por lo menos las imágenes de personas que se les parecen físicamente. Poseo un book completo de todos y cada uno de los que aparecen en El Alfabeto Sagrado y me gustaría mostrároslo.

Comencemos por el protagonista, Victor Lavine. Ya sabréis que es un hombre atractivo, con espíritu aventurero. Recordaréis su pelo algo ondulado y sus ojos castaños, del color de la miel. ¿Reconocéis al actor que aparece en la imagen? Sí, es Orlando Bloom. Le vi trabajar en la primera parte de los Piratas del Caribe y me gustó su dualidad, la de un hombre sencillo y corriente que acaba ayudando a Johnny Deep en sus peligrosas andanzas. Supongo que ahora entenderéis porqué Andrea termina enamorándose de él.

Para el personaje principal femenino también he elegido a una actriz. Buscaba a una mujer de piel lechosa y pelo pelirrojo con aspecto delicado, pero quería una mirada fuerte, segura; y la encontré en la joven danesa Connie Nielsen. Probablemente la recordaréis de películas como Gladiator o The Hunted. Eso sí, cambia tanto de aspecto que parece un camaleón. La fotografía que os adjunto es en la que guarda un mayor parecido con Andrea Jacobs.

Said Alami es el inseparable amigo y compañero de aventuras del protagonista. Un hombre de familia, respetable comerciante, al que sólo el celo de su esposa Fátima le separa de estar continuamente desvelando misterios con los que entretener a sus vecinos. Para Said no he elegido a ningún actor. Un día, navegando por la web encontré la fotografía de un comerciante palestino asomado a la entrada de su tienda y me pareció perfecto.

De Jerôme Cavaliere, el jefe de Victor Lavine, me cautivó su inteligencia y su gran autocontrol. Un hombre hecho a sí mismo, metódico. Me lo imaginé con una figura casi aristocrática y los ojos del color de las nueces, algo tristes, pero tiernos. Pensé que el actor Morgan Freeman caía a la perfección en el guante de mi personaje.

Quizá, de todos los perfiles que se mueven por el libro, el más enternecedor sea el doctor Isaac ben Shimon. Un hombre mayor, delgado, de fino bigotillo blanco que aún cuida de los geranios que quedaron en casa al morir su mujer. Es un hombre de carácter inquieto, generoso, incansable y con una mala salud de hierro que asombraría a cualquiera. Se pasea por El Alfabeto Sagrado portando siempre una amplia sonrisa. ¿Creéis que la imagen que os muestro es fiel a la descripción de la novela?

Su amigo y compañero en la Universidad es el doctor Elijah Cohen, un hombretón de manos grandes, tan viejo y afable como él. A ambos los encontré una tarde de invierno junto a una taza de café y un viejo libro de fotografías. Había hojeado ya casi la totalidad de sus páginas pero, en cuanto los vi, supe quiénes serían para mí a partir de aquel momento.

Con quienes no tuve ninguna duda fue con los tres sacerdotes mandeos.

En los inicios de mi documentación, la mayor parte del tiempo la dedicaba a investigar sobre este grupo religioso. Y ya desde el principio me fui encontrando con imágenes de ellos. Sin embargo, las fui dejando pasar, sabía que los personajes todavía no habían llegado hasta mí. Un día, viendo las imágenes de Abbas Tahvildar, un fotógrafo iraní, descubrí a mis sacerdotes.

El anciano del bastón que camina arrastrando las sandalias es el ganzebra Zakaria Asgari, cada vez que escribía sobre él tenía en mente esta imagen, la de un hombre cuyos hombros llevan un peso infinito sobre ellos y que a duras penas puede soportar; Basaam es el que está en cuclillas con el ceño fruncido y la barba todavía negra; y el que tiene cara de poseído y mira al cielo en un acceso de fe, es el más joven e inexperto de los tres, se trata de Naseer.

Todavía tengo que hablaros de los malos. Para representar al professor Samuel Sinclair, con su apostura y arrogancia me pareció perfecto el actor Donald Sutherland. Lo cierto, es que tengo que reconocer que tardé bastante en encontrar un físico que se ajustara a lo que yo tenía en mente. Después de dar algunas vueltas por páginas webs llenas de fotografías descubrí la que ahora os muestro de este actor americano. Era la que estaba buscando, a un tiempo serio, seguro de sí mismo, pero con esa mirada que parece esconder sus temores por ser descubierto.

A Martin Crown, el director de los Cristianos de San Juan, le encontré enseguida. ¿Recordáis su mirada gris, sus labios grises, su rostro gris...? Andrea pensaba de él que era “el hombre más gris que había conocido en toda su vida”. Esta imagen del actor David Cronenberg es la más gris que encontré de él y doy fe de que es el personaje más gris que he creado nunca.

Los sicarios que Martin tenía a sueldo eran, en realidad, dos músicos de renombre dentro del mundo musulmán. Aunque con estilos musicales diferentes, ambos ocupan puestos de primera categoría en las listas árabes. Abdul Khaled, el de la cicatriz en la ceja y ojos verdes que vestía chilabas impecables dignas de las mejores agujas de su país, es K-Maro. Cuando yo le encontré estaba promocionando su último disco: El chico del millón de dólares. Su primo en la ficción, Jamal Adi, es en realidad Khaled (cuyo nombre tomé como apellido para Abdul). También es músico. ¿Recordáis la camisa de rayas naranjas y amarillas que lleva durante tres días en la novela? Fijaos en la fotografía, de ahí obtuve la idea.

Ya sólo me queda hablaros de Ahmed Sadoun, el mercenario que roba el cuenco mandeo en el Museo Arqueológico de Bagdad, se trata de otro músico árabe con gran resonancia en Francia, Simon Shaleen.

Espero haber descrito lo suficientemente bien a los personajes de la novela; al menos, tan bien como para que vuestra imaginación y la mía se hayan encontrado muy cerca y hoy, al leer este artículo, no os haya desengañado un poco, como era mi temor al principio.

Gemma

18 oct 2009

Cómo se crearon los book-trailers de la novela


Para ser sincera, he de confesar que los cuatro vídeos que ofrezco en el blog han sido realizados íntegramente por mí. Sólo he contado con la inestimable ayuda del compositor Roger Subirana porque yo no tengo ninguna clase de oído musical, ni bueno ni malo. Las melodías que podéis escuchar han sido compuestas por él.

Para lo demás, la captación de imágenes, la sucesión de fotogramas, los vídeos, el montaje, la producción, postproducción, los textos, y un largo etcétera, yo he sido la única autora. Si os gustan, me doy por satisfecha de todo el trabajo realizado; pero, si tenéis críticas, yo soy su única destinataria.

Sin embargo, puedo añadir que me divertí muchísimo creándolos. El actor que aparece en el cuarto vídeo es mi marido y se prestó a ser mi actor particular dejándose disfrazar de árabe, con una chilaba negra, que para más señas era un caftán femenino de invierno. ¡Y es que resulta muy difícil conseguir disfraces adecuados fuera de la temporada de Carnaval! También le puse un mostacho negro que tenía que estar continuamente colocándose porque se despegaba.

El vídeo lo rodamos en el garaje de casa, delante de un pequeño atrezzo que monté con todas las esculturas y ornamentos que tenemos y con unas viejas cajas de embalar llenas de los adornos de Navidad. Reconozco que hacía un calor terrible y sudamos lo nuestro hasta finalizar todas las tomas.

Intentamos recrear las diez primeras páginas de la novela, las que narran cómo el mercenario Ahmed Sadoun roba un viejo cuenco de encantamientos del Museo Arqueológico de Bagdad.
Si os fijáis bien entre las fotos que ilustran este artículo, veréis que hay un recipiente con forma de cuenco con el dibujo de una figura humana sosteniendo algo entre sus manos. Fue una réplica poco conseguida del verdadero cuenco mandeo que robó el ladrón. Utilicé una vieja maceta que pinté por dentro con carboncillo. Para que podáis observar la diferencia con el cuenco real, os dejo unas fotos en este artículo.

No sé si en un futuro se realizará una película basada en la historia que narro en El Alfabeto Sagrado, pero si llegara a hacerse, sólo pido que el director se apoye en la novela y que no pretenda inspirarse en mis vídeos; podría augurarle un completo fracaso :)

Gemma.

2 oct 2009

Primer escaparate para "El Alfabeto Sagrado"


Hoy os traigo una muy buena noticia: ya tenemos "primer escaparate" para mi novela El Alfabeto Sagrado y, además, está recién estrenadito ya que estaban terminando de montarlo esta misma mañana cuando he tomado las fotografías. El libro se encuentra justo debajo de la obra de Orham Pamuk (a la derecha de la imagen) y se ve algo menos que el de él pero... bueno, el señor Pamuk ha ganado un Nobel ¿no? :D
Las imágenes pertenecen a la librería Punto y Coma, en el centro de Leganés. Es un negocio con muchos años de trayectoria, tantos como su propietario, Fernando, que es uno de esos libreros de antes, de los que te recomienda las lecturas según tus gustos y no suele equivocarse. Aunque él tiene una formación clásica, intenta leer casi de todo para saber que puede atraer a sus clientes. Se toma su oficio muy en serio y es uno de los mayores difusores del hábito de la lectura que conozco. 
Espero que a este escaparate le sigan muchos otros, eso significaría que la novela os está gustando.

27 sept 2009

Cómo y porqué escribí El Alfabeto Sagrado


Suelo tener la mala costumbre de hacer varias cosas al mismo tiempo, con lo que creo que puedo aplicarme el dicho español que dice: “el que mucho abarca poco aprieta”. Sin embargo, mi mente trabaja perfectamente de esa manera y yo ya estoy acostumbrada.

Siendo fiel a esta forma tan peculiar de hacer las cosas, he de confesaros que aún no había finalizado mi anterior novela cuando ya estaba pensando en la siguiente.

A finales del año 2004 ya había trazado el hilo argumental de la historia y comenzaba a conocer a los personajes que se moverían por ella. Sin embargo, sentía que faltaba algo, no conseguía encontrar el hilo conductor que conectase todo lo que quería contar en El Alfabeto Sagrado.

Y la idea llegó durante una comida de trabajo. Como siempre, cuando menos te lo esperas. A lo largo de la conversación comencé a pensar en los mandeos: ellos aportarían la conexión con el presente porque, aunque este grupo religioso hunde sus raíces en la mitología egipcia, han llegado hasta nuestros días conservando sus propios rituales y tradiciones. Al mismo tiempo, me daban la oportunidad de mostrar cómo la intransigencia religiosa de nuestros días intenta hacerlos desaparecer.

Con ellos conseguí redondear mi trabajo y pude comenzar a escribir. Aunque deciros que fue fácil sería mentiros. Desde luego, si resultó gratificante.

Siempre que preparo una novela, decido de antemano todo o casi todo lo que va a suceder y escribo un extenso guión que me sirve de guía fiel para no perderme dentro de la historia; y es que a veces sucede que los escritores nos vemos arrastrados por la propia trama, que cobra vida independiente de nuestro afán creador.
En ocasiones, mientras escribía El Alfabeto Sagrado y estaba enfrascada en narrar, me sorprendía a mí misma preguntándome “¿qué pasará?, ¿cómo saldrá el protagonista de esta encerrona en la que le he metido?” Y él salía sin mi ayuda y me quedaba aún más sobrecogida sin saber cómo lo había conseguido.

Cuando estoy inmersa en la redacción de una novela me sucede que vivo dos vidas, la mía propia y la otra, la que estoy inventando. Y aunque parezca fácil separarlas, en mi mente no lo es. Escribiendo me olvido de mí y me centro en mis creaciones y estoy tan inmersa en la narración que formo parte de ella hasta el punto de que me absorbe y ya no vivo mi vida, si no la de los personajes que pueblan la obra. Es difícil describirlo, y aunque muy diferente a cualquier otra vivencia, resulta curioso sentir que tienes el poder de cambiar la historia y al mismo tiempo la historia te está cambiando a ti. Es entonces cuando me pregunto, "¿quién crea? Yo, o la historia". Porque puedo aseguraros que en un punto de la narración, la novela cobra vida y dirige sus propios designios y tú sólo puedes escribir lo que ella te dicta.
Esta ambivalencia en el poder me sorprende y me maravilla y, aunque disfruto documentándome y combinando ideas para crear una historia, lo que realmente me deja sin palabras es el proceso creador de contar una historia.

Por cierto, deciros que originalmente el título elegido para el libro fue Abagada, el Alfabeto Gnóstico. Reconozco que me gustaba la palabra "Abagada", me resultaba sonora y fácil de recordar y, para todos los que ya os hayáis leído la novela os será, además, muy familiar; pero, si aún no lo habéis hecho, estareis de acuerdo conmigo en que es sencilla e intrigante al mismo tiempo.

Con todo ello, y sin importar el título, espero que os guste El Alfabeto Sagrado y que disfrutéis con su lectura tanto como yo lo hice con su redacción.

Gemma Nieto

21 sept 2009

A la vista en las librerías

Las cosas que realmente merecen la pena siempre se han hecho esperar. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Creo que llevaba mucho tiempo soñando con ver ejemplares de mi novela en los estantes de las librerías y al final lo he conseguido. Aquí cuelgo esta fotografía de un mostrador en El Corte Inglés de Velázquez. Tenían una "columnita" de ejemplares de El Alfabeto Sagrado. Todavía no ocupo el stand entero, pero es que había que dejar sitio a los otros autores ¿no? :D

18 sept 2009

Realidad o ficción, para todos aquellos que ya habéis leído la novela


Aunque la palabra novela encierra en sí misma el significado de ficción, en todas y cada una de las historias que se cuentan hay huellas de verdad. El Alfabeto Sagrado también está basado o, más bien, asentado con firmeza, en un terreno muy seguro, el de los datos reales que lo sustentan.

Para el lector siempre es difícil separar «lo que es» de «lo que no es» y he decidido escribir este artículo para aquellos que quieran ir más allá y conocer los hechos reales.
Gran parte de la obra nos introduce en el mundo de los mandeos, una secta gnóstica que todavía pervive en Irak y al sur de Irán. Estos hombres y mujeres existen y cada vez les resulta más difícil poder desenvolverse con normalidad en los países en los que viven. Sufren persecuciones y reciben castigos que no merecen. Ellos sólo piden que les dejen integrarse y que respeten sus derechos. Todo lo que se ha contado en la novela sobre ellos, sobre sus liturgias religiosas y sus costumbres es cierto. El bautismo es uno de sus rituales principales y lo realizan en agua corriente, que fluye, es el agua viva; los sacerdotes leen pasajes sagrados y disponen la bandera ritual, el drabsa, delante de ellos; elaboran petha, el pan sagrado, aunque el sacerdote suele traerlo ya preparado de casa; encienden un fuego ritual al que añaden constantemente incienso y sacrifican algunas aves; van vestidos con el rasta, su ropa ritual y, en verdad, parecen salidos de un mundo olvidado hace dos mil años que nos recordaría a Juan el Bautista en el río Jordan.
También es verídica la existencia de cuencos mandeos de encantamientos y de pequeños amuletos de la suerte. Algunos de ellos pueden observarse en el Museo Británico de Londres, aunque cuentan con colecciones y exhibiciones en otras muchas partes del globo. El cuenco atrapademonios, del que habla, El Alfabeto Sagrado, con la figura femenina en el fondo sujetando un escorpión y una serpiente, lo ofrecía la galería Abraxas y ha sido vendido hace poco por unos seiscientos euros. Hoy está en manos de algún afortunado coleccionista.
Con respecto a varios eruditos y personajes que se mencionan en la novela, he de reconocer que son personas reales, de carne y hueso, que a fecha de hoy están vivas y realizan sus trabajos con profesionalidad, como el padre Linus, sacerdote que reside en el monasterio de Santa Catalina y a cuyo cargo está su biblioteca, aún hoy continúa digitalizando los textos que encierran las murallas de la abadía; Joe Zias, renombrado antropólogo físico que descubrió la verdadera inscripción en la tumba de Absalón, así como una segunda; Émile Puech, lingüista que le ayudó en su desciframiento; Shimon Gibson, arqueólogo de Tierra Santa descubridor de la Gruta del Bautista, con su piscina ritual al fondo y la figura del santo grabada en la pared aunque, eso sí, demasiado alta para que Victor, estando arrodillado, pudiera recoger el amuleto; el doctor Oren Gutfeld, que siguió los pasos de John Allegro y continuó excavando en el valle de Acor, tras la misteriosa visita del piloto de Continental Airlines, con su aire acondicionado construido con un aspirador de hojas de jardín y un tubo de aluminio; Sinclair contrató al mejor abogado de Jerusalén para defender a Martin en un supuesto juicio, habló con Barry Michael Zinn que en realidad es uno de los mejores que posee la ciudad; John Tait, del University College de Londres, y el metalúrgico Robert Feather, verdadero autor de la conexión egipcia con los esenios del Mar Muerto que descubrió que entre las catorce letras griegas del Rollo de Cobre se ocultaba el nombre de Akenatón, o los pesos y medidas egipcios usados por los que escribieron el manuscrito.
El Rollo de Cobre es un texto descubierto en el asentamiento esenio de Qumrán junto al resto de sus manuscritos y describe sesenta y cuatro localizaciones donde encontrar increíbles tesoros; actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Amán, en Jordania, y puede ser visitado por todo aquel que lo desee. Todas las características que se describen de él, como su extraordinaria pureza del noventa y nueve por ciento, la dificultad de su lenguaje o los errores en su texto son ciertas.

Muchos han sido los eruditos que han intentado descubrir los lugares que describe, sin éxito. Allegro fue el primero, después de él han venido muchos otros. Deseaban encontrar el Rollo de Plata, aquel que contenía con más detalle la ubicación de todos y cada uno de los tesoros, pero hasta la fecha no han obtenido ningún fruto.
La tumba T1000 existe y se localiza en el cementerio norte de Qumrán, es tal y como se refiere en la novela. Hasta la fecha ha sido el enterramiento más extraño descubierto en todo Israel. De hecho, hace poco se analizaron los huesos que contenía el ataúd de cinc y, mediante la prueba del carbono 14, se descubrió que eran restos pertenecientes a tres personas que habían vivido hacía cuatro, tres y dos mil años respectivamente. Tres cadáveres diferentes con un intervalo de mil años entre cada uno, ¿quién conservaría unos huesos durante mil años para enterrar a alguien junto a ellos?, ¿y quién esperaría otros mil años para poner un tercer cuerpo en el ataúd? Pero quizá la pregunta clave sea: ¿qué personajes podían ser tan importantes para que un grupo cargara con sus restos durante dos mil años con el fin de enterrarlos juntos? La respuesta puede constituir el tema central de una nueva novela.

Desde luego no fueron los mandeos los que enterraron a esos hombres; aunque su mitología les concede un origen muy antiguo, sólo indica que proceden de Egipto, y celebran el Banquete de los Egipcios para conmemorarlo. Ya lo apuntaba la señora Drower en sus numerosas obras dedicadas a ellos.
Ethel Stefana Drower fue una dama excepcional. Cuando su marido, Sir Edwin Drower, fue enviado a Irak como consejero judicial para el gobierno británico en 1922, ella le acompañó al país. Y allí comenzó a interesarse por una secta gnóstica que habitaba los pantanos al sur de Basora, los mandeos; aunque también estudió en profundidad a los yazidim, sobre los que escribió un interesante volumen, The Peacock Angel. Sin embargo, su mayor interés se centró en los mandeos, de los que nadie había oído hablar en Occidente, a excepción de un grupo de misioneros jesuitas en el siglo XVII. Se ganó su confianza y consiguió que le permitieran recopilar sus textos sagrados y traducirlos al inglés: el Ginza, el Qolasta, el Libro de las 1012 Preguntas, el Libro de Juan, así como documentar su forma de vida y sus costumbres.

Cuando Sir Edwin Drower retornó a Inglaterra para continuar su carrera diplomática en su propio país, ella regresó con él, pero volvía cada verano a Irak para proseguir sus estudios. En realidad había quedado fascinada por una cultura ancestral tan diferente a la suya.

Ethel Stefana dejó un legado cultural ingente en el que han basado sus investigaciones los eruditos posteriores y aún hoy, casi cuarenta años después de su muerte, todavía continúa estando de actualidad.

Sin embargo, ni Lady Drower ni los mandeos afirmaron nunca tener tratos con Akenatón. De hecho, tampoco tuvieron contacto con los esenios de Qumrán aunque, eso sí, recorrieron las tierras de Jerusalén al mismo tiempo que ellos.
Las «casualidades» existentes que se mencionan en la novela entre los esenios, los mandeos y Amarna son «casualidades» reales: la ubicación de la T1000 esenia está orientada al este, así como Qumrán y el Gran Templo de Atón en Egipto; hay similitudes evidentes entre algunas raíces ortográficas mandeas y otras egipcias; el dios Ptah y el Ptahil de los gnósticos; las analogías del calendario egipcio y el mandeo; o la creencia en un único dios por parte de los tres grupos.

Después de todo, los mandeos fueron expulsados de Tierra Santa a la muerte de su profeta Juan el Bautista. Los esenios tuvieron más suerte, contaron con un barrio propio en el monte Sión, que hacía dos mil años se encontraba dentro de las murallas de Jerusalén. Un equipo del doctor Shimon Gibson está llevando a cabo una campaña arqueológica en su distrito y han descubierto algunas monedas y piezas de la época; incluso sus propias piscinas rituales, que no hay que confundir con aquella otra de los monjes ortodoxos que Victor y Said asaltan en la novela, y que también existe.

Juan el Bautista es una figura fundamental en gran parte de la obra, los primeros capítulos giran en torno a él, como gira el pueblo de Ein Kerem totalmente dedicado a su memoria. La iglesia de la Visitación y la del Nacimiento del Bautista son tal y como se describen en la novela, así como la mezquita que contiene en sus bajos la Fuente de María. También es real la Capilla Sur donde el doctor Isaac (un personaje de ficción) descubre los baños mandeos, aunque no se puede visitar debido a su falta de seguridad y, además, no está totalmente desenterrada. Y por supuesto, los baños no son mandeos.

La Historia no nos ha legado ningún resto mandeo en forma de iglesia, cementerio o baño ritual, como tampoco han diseminado las letras de su mágico alfabeto por Tierra Santa grabándolas en edificios y monumentos. Su verdadero y principal tesoro es el Ginza, que les ha acompañado siempre.
Todos los lugares descritos en la novela existen tal y como se describen: los hoteles en Jerusalén, El Cairo o en Al Minya; los monumentos, las tumbas de Absalón o Zacarías y las ruinas de Qumrán y Amarna, aunque el Gran Templo de Atón aún no ha sido totalmente rescatado de las arenas del desierto y sería muy difícil para un profano localizar su sanctasantórum; el bello barrio de Yemin Moshe, con sus calles empedradas y su molino de viento; la comisaría de Jerusalén al lado de la Puerta de Herodes o los consulados italiano y británico al que, por otro lado, jamás se le hubiera ocurrido inmiscuirse en las decisiones policiales de Israel; o el mismo café Tmol con su maravilloso filete de salmón o su infusión especial también llamada Tmol; el cementerio Jerusalem View, donde fue enterrado Isaac, todavía dispone de espacios vacíos entre sus quinientos nichos; y a la estación cairota de Mahattat Ramses le falta su colosal estatua, retirada a principios del 2007 por orden de Zahi Hawass, secretario del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto.

Muy a mi pesar, no son reales ni la casa-museo de Said, ni su azotea, en donde tan largas y fructíferas conversaciones mantuvo con Victor mientras se maravillaban del sol cambiante en la buganvilla rosada.

También pertenece al reino de la fantasía la Asociación de los Cristianos de San Juan, con su edificio en la zona nueva de Jerusalén.
El poder de los sonidos, de la música o de las palabras se vislumbra ya con el Himno al Bautista, que Paulus Diaconus inventó y que Guido d’Arezzo utilizó para obtener las siete notas musicales, las que mueven el mundo, la música del universo.

Los sonidos y las palabras constituyen otro eje principal de la novela y entroncan con la magia mandea que, aunque es poderosa, da inicio a la ficción.

Los sacerdotes mandeos jamás realizarían ningún ritual como el que Zakaria Asgari y sus acólitos llevan a cabo en la Gruta del Bautista. Sin embargo, ellos mantienen que su alfabeto es mágico y sagrado, por eso hacen repetir de memoria a los tarmidas sus textos religiosos hasta que los entonan en un perfecto mandeo clásico. Cada una de sus veinticuatro letras posee una fuerza encerrada en sí misma. La primera y la última «a» representa la Perfección, el Comienzo y el Final de todas las cosas.

Quizá el mandeo clásico se trate de la lengua más antigua que aún puede escucharse como se hacía en tiempos de Jesús, con sus sonidos fuertes y oclusivos. Las leyendas mandeas sobre el origen del universo nos dicen que lo primero en crearse fue el abagada, sin él nada podía ser dicho.
Existe un paralelismo con el Evangelio de San Juan en el Nuevo Testamento cuando nos cuenta que la palabra creó el universo: «En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el verbo era Dios.» Dios creó el mundo con el poder de las palabras. Simplemente dijo «hágase la luz» y la luz se hizo.

El verbo, el lenguaje, con una capacidad para cambiar realidades y crear otras nuevas, con una energía contenida en su interior esperando a ser liberada. Las palabras, capaces de transformar el mundo, de emocionarnos o de transportarnos a lugares mágicos y misteriosos.

Ya Heráclito de Éfeso, un filósofo griego que vivió alrededor del año 500 antes de Cristo, dijo que «el principio de todo lo existente es el logos» y que «el lenguaje, el logos, es lo que transforma el caos, es lo que le da el sentido». Cuando hablamos transformamos ese caos, le damos sentido a la realidad y tenemos la posibilidad de transformar con nuestras palabras lo que nos rodea, a nosotros mismos e, incluso, a la verdad.

Existe una antigua expresión hebrea que dice «avara ha d’avara» que significa que mientras hablo estoy creando. Tras su cautiverio en Babilonia sobre el año 600 antes de Cristo, los persas copiaron la expresión como «abracadabra», que ha llegado hasta nuestros días. Abracadabra, que abre puertas, que te ofrece nuevas posibilidades.
Victor ya ha dicho abracadabra. Ahora asistiremos a una profunda transformación que pondrá en tela de juicio las premisas fundamentales sobre las que hemos basado nuestros últimos veinticinco siglos de andadura. Estamos asistiendo a la clausura de un período fundamental de la historia de la humanidad y al nacimiento de otro nuevo.

Quizá sea el cuarto y último ciclo de la tradición mandea; o quizá, Victor haya abierto una nueva caja de Pandora utilizando una sola palabra, abracadabra, y ahora el mundo nos ofrezca infinitas posibilidades para cambiarlo. ¿Hacia dónde lo guiaremos? Las palabras son nuestras, el poder está en nuestros labios. ¡Movamos las montañas!

12 sept 2009

No gastes de más en protección

Disponer de la mejor protección para las cosas realmente importantes a veces no es posible. En algunas ocasiones, porque pagar su coste es inviable. Yo no he tenido problemas para conseguir la mejor de todas. ¡Y gratis! Sólo he utilizado un poco de psicología barata.

Veréis, antes de las vacaciones, cuando sólo disponía de un único ejemplar de mi "querido" El Alfabeto Sagrado y tenía que custodiarlo ante los deseos de mis amigos, que intentaban hacerse con él, encontré al mejor guardián.

Aquí lo tenéis, en la foto, casi ocho kilos de ¿temible? felino. Se llama Atila y sólo tuve que decirle que de ese libro dependían las futuras latitas de carne que tanto le gustan. No tuve que repetírselo.
Ahora bien, ¿por qué se ha dormido sobre el ejemplar? ¿Acaso mi novela duerme hasta a los gatos? Tendré que hablar muy seriamente con él.

9 sept 2009

9 del 9 del 09

El 9 de septiembre de 2009 es una fecha mágica para el pueblo chino. Tanto nueve en el calendario viene a ser para ellos un signo claro de longevidad, de larga vida. Por eso, muchas parejas han aprovechado esta ocasión para celebrar sus matrimonios creyendo que su amor será eterno. Dicen también, que los niños nacidos en este día tendrán una vida larga y próspera. No sé si será cierto, pero he preguntado a algunos amigos míos que han venido de la tierra del Sol Naciente y me han asegurado que no hay ninguna duda y que el futuro confirmará su creencia.
¿Puede un libro ser como un hijo? Si fuera así, El Alfabeto Sagrado salió a la venta el 9 del 9 del 09, una fecha mágica y "cuasi" sagrada para los chinos. ¿Entroncará esta fe con el alfabeto mandeo del que nos habla la novela y que también es "mágico y sagrado"? Creo que son muchas casualidades y, como dice mi amiga Antonia J. Corrales, las "casualidades" son el sello de Dios cuando no quiere dejar su firma.
Si los hados y el destino (además de las fechas en el calendario) están conmigo, entonces la novela gozará de una próspera existencia y de un gran éxito.
¡Larga vida a El Alfabeto Sagrado...!